26 de mayo de 2011

Sección psicológica: Navegando por la mente

¿Cuándo dejamos de ser el ombligo del mundo?

Estas últimas semanas estamos viendo, que tras un desastre natural, imprevisible y devastador, los humanos nos sentimos desprotegidos, pequeños e insignificantes. El ejemplo de Lorca o las riadas de Córdoba dejan presente que no somos el ombligo del mundo y que el destino a veces se escapa de nuestro control. Qué difícil es para la mente humana asumir que hay cosas que no dependen de uno mismo, ¿verdad?
Ante las consecuencias provocadas por este tipo de acontecimientos no queda más remedio que confiar en el poder de la adaptación que ya Darwin señaló en su teoría de la evolución. No obstante, además del instinto de supervivencia y de sacar fuerzas de donde apenas las hay, existen otros factores relacionados con la psicología que se ponen de manifiesto ante situaciones catastróficas.

Por un lado, no hay que perder de vista que la sensación de pérdida, indefensión y desolación vividas por los allí presentes, que no va a desaparecer de un día para otro; de hecho muchas de las personas serán víctimas del denominado “estrés postraumático” y revivirán de forma intensa, ansiosa y recurrente las imágenes y emociones experimentadas. Precisamente el grupo de psicólogos que trabaja junto a los equipos de emergencias, hace de colchón emocional para amortiguar esos primeros instantes de incertidumbre y desorientación de las víctimas y las asesoran para que puedan sobrellevar de la mejor manera posible las secuelas psicológicas.
Por otra parte, la respuesta de la sociedad también merece ser comentada. ¿Por qué de repente parece que todo el mundo se solidariza con las víctimas, hace donaciones e incluso se emociona al ver las noticias relacionadas con el suceso? No cabe duda que la empatía hace que nos pongamos en el lugar del otro, y de esta manera poder sentir que es lo que deben estar pasando estas personas en estos duros momentos, pero, ¿realmente nuestra actitud es altruista?

Desde el punto de vista de la psicología social, aunque parezca extraño, la respuesta es que la mayoría de las personas no muestra realmente conductas altruistas, ya que el concepto de altruismo se refiere a ayudar a los demás sin esperar o recibir absolutamente nada a cambio. Y no nos engañemos, hay personas que cuando prestan su ayuda, lo hacen para: sentirse bien con uno mismo y así aumentar su autoestima; porque buscan una aprobación social como cuando hacen pública su ayuda; para llevar a cabo una evolución personal y así ponerse a prueba; también, cuando quieren reducir el sentimiento de culpabilidad o sus preocupaciones por la comunidad afectada; e incluso, por sus valores personales, como por ejemplo, cuando creen tener la obligación humanitaria de ayudar a alguien. De esta manera, estas personas se ven beneficiadas interna y externamente por estas motivaciones, hecho que cuestionará en ellas, la existencia de una conducta realmente altruista, ya que así recibirán algo a cambio. Por lo tanto, hay que ir alerta con este término, ya que no toda conducta de ayuda a los demás será entendida como altruista.

Así, de nuevo confirmamos que el “gen egoísta” hace acto de presencia en el ser humano y de nuevo volvemos a percibirnos como si fuéramos “el ombligo del mundo”. La única explicación coherente que se nos ocurre es que comportarnos "egoístamente" y en beneficio de uno mismo en estos casos, garantiza la continuidad de la especie.

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