Quizás amor no sea la palabra más adecuada ya que lo que se pretendía era que los infectados por la bomba se encontraran sexualmente irresistibles unos a otros. Feromonas al poder, supongo, para buscar una orgía en medio del combate. Estoy pensando que esta entrada debería haberla escrito dentro de una semana, el día de los enamorados. O no.
Esta investigación fue llevada a cabo por el laboratorio Wright de las fuerzas aéreas de EEUU en Dayton, Ohio. Estos mismos tipos investigaron otro tipo de bombas en los que el agente nocivo eran los malos olores. Finalmente esta idea también fue desechada. En este caso, no por ser imposible de llevar a cabo sino porque, en boca de los propios investigadores, no estaba claro que los olores insoportables para el ejército de EEUU fueran igual de insoportables para los enemigos en algunos teatros de operaciones. Vamos, un modo elegante de llamar guarros a los enemigos.
Fuente: Military's strangest capaigns and characters, de Tom Quinn
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