A la mayoría de las personas, los festejos de la Navidad les producen estrés, debido al cansancio que genera la preparación de los eventos, el gran gasto económico que conllevan y principalmente por “las tensiones familiares”.
El 76,4% de los españoles coincide en que estas fiestas unen a las familias. Sin embargo, muchos especialistas coinciden en que esos lazos de unión provocan un aumento del número de peleas y discusiones.
En la actualidad, la gente tiende a ser más individualista que antes y no estamos acostumbrados a estas reuniones tan grandes. Al contrario de lo que ocurre con el grupo de amigos, a la familia no la elegimos, por eso, es muy probable que entre los que se reúnen alrededor de la mesa, haya alguien que no encaje con nuestra personalidad.
Posiblemente, dentro del núcleo familiar hay personas que generan mayor simpatía y otras que no caen tan bien. En consecuencia, cuando la familia vuelve a juntarse al completo es común que afloren las discusiones entre algunos de sus miembros.
Una buena forma de evitar discusiones innecesarias durante las celebraciones familiares consiste en no hablar durante la comida de nada que tenga que ver con asuntos personales, ni relacionados con la política o cualquier otro tema que pueda causar un debate en el cual se entre en una discusión sin solución.
Asimismo, si las cenas o comidas se celebran en tu casa, una buena estrategia para evitar enfrentamientos o discusiones es poner papelitos en la mesa con los nombres de cada persona, de manera que cada uno se siente con quien tenga más afinidad y separar por completo aquellas personas que sabemos no se llevan bien y pueden ser eje clave de conflictos.
Pero aunque uno quiera crear un buen ambiente, a veces, hay momentos que esto puede que se nos escape de nuestro control. Si de pronto entramos en una discusión con algún miembro de la familia, antes de llegar a insultar o alzar el tono de voz, debemos pensar y contar hasta 10. Normalmente, resulta muy difícil, pero pensando en que es Navidad y no siempre tendremos la oportunidad de estar todos juntos, es mejor desviar el tema y dar un discurso de lo más educado y asertivo posible.
Hay que tener en cuenta que también en estos días, puede pasar todo lo contrario, dejarse llevar por la nostalgia tan característica de estas fechas, recordando a los que no están, o a aquellos que han abandonado la familia o se han separado de esta. En este caso, se lleva mejor si se pasa de pensar en el hecho de que ya no están, a recordar momentos felices vividos juntos.
La Navidad nos trae muchos más momentos gratos que frustraciones, sólo hay que saber cómo encararla y practicar la paciencia y la aceptación. Lo importante es divertirse y disfrutar.
¡Felices Fiestas!

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