Vampiros emocionales
Tras un nombre tan comercial y que puede servir de gancho publicitario allá donde se tercie, se esconden personas muy peligrosas y que realmente pueden resultar altamente dañinas para nuestra salud mental y emocional. Son auténticos parásitos que viven para alimentarse de tu vitalidad y equilibrio mental.
Todos conocemos algún vampiro emocional, alguien que por su forma de ser, logra acabar con la energía de cualquiera. Se trata de gente tan bien disfrazada de persona normal que prolifera en cualquier ambiente: en el trabajo, la familia, las relaciones de pareja o el grupo de amigos. Incluso al principio parecen mejores que la gente corriente. Son encantadores, caen bien, les das tu confianza, esperas más de ellos que de otras personas, pero recibes menos porque son emocionalmente dependientes.
Su dominación se basa en una manipulación tan sutil que acabas pensando que su forma de actuar es la normal. Pero no te dejes engañar. Una relación normal y sana entre dos personas es aquella donde se produce un intercambio de valores y no se ejerce un control exhaustivo del otro intentando desesperadamente captar su atención. Por tanto, si alguien trata de guiar cada paso que das, poco a poco va aislándote del resto del mundo o recurre a ti para que le resuelvas sus problemas...Ándate con ojo, porque tienes a un vampiro cerca.
Vale aclarar que, muchas veces, el vampiro emocional no opera a nivel consciente; no sabe el efecto que tiene en los demás. Simplemente, es su forma de ser. Estos personajes no son intrínsecamente malos, sino que se rigen por otras reglas sociales completamente diferentes a las que tú has seguido desde la infancia. Son inmaduros y entienden que los demás están para satisfacer sus necesidades; su idea de justicia es obtener lo que quieren cuando lo quieren; en las relaciones interpersonales ellos reciben, pero nunca dan; ellos nunca cometen errores, nunca se equivocan y sus motivos son siempre puros, nunca es culpa de ellos, por tanto nunca asumen la responsabilidad de su propia conducta y cuando no se salen con la suya son capaces de hacerle la vida imposible a las personas que le han negado algo.
Y, ¿qué podemos hacer para prevenir los ataques de estos dráculas energéticos?
- Reconocerlos: son aquellas personas que te “arrastran” de un estado mental positivo a otro negativo.
- Mantener el balance interior. Para evitar el contagio de su comportamiento y así protegerte de su influencia negativa. Cuando sabes que es la otra persona, y no tú, la que tiene un problema (porque es negativa, belicosa, catastrófica, narcisista,…), puedes mantener una distancia emocional que te permite observar su comportamiento ‘desde afuera’, sin que te afecte y sin entrar en su juego.
- Alejarte y cortar la situación. Si esta persona no es esencial en tu vida, lo mejor es romper los vínculos que te unen a ella. Muchas veces la costumbre nos ‘ata’ a amistades tóxicas que no nos llevan a ninguna parte.
- Sanar la relación. Si la relación es importante para ti, hay que hacerle saber a la otra persona qué comportamientos no te gustan y qué sentimientos despiertan en ti. Si aún así no modifica su conducta, la mejor opción es alejarse de esa persona.
- No esperar cambios espectaculares. Puede que prometan cambiar y que lo hagan, pero esto será a corto plazo.
Como concluye el psicólogo Bernstein: “Las cruces y los ajos no te salvan de los vampiros emocionales, tu mejor defensa es el conocimiento, la madurez y el buen juicio”.